En sus primeros años de vida independiente el Uruguay estaba casi deshabitado. No había caminos ni puentes. Se demoraba un día entero en recorrer 150 kilómetros. Para el gobierno era muy difícil controlar todo el territorio. En Montevideo se concentraba el comercio y en el campo la ganadería era la actividad principal. De esta se obtenían materias primas como cuero y tasajo.

 

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Se estima que la población no alcanzaba las 100.000 personas (todos los uruguayos de 1830 cabrían en el estadio de Maracaná). Con tan pocos habitantes, la densidad de población era muy baja. Había, aproximadamente, dos habitantes por kilómetro cuadrado. Para tratar de resolver el problema de la baja población, el gobierno promovió la  inmigración. Aunque esto favoreció la llegada de algunos miles de extranjeros a instalarse en el país, la inestabilidad política retrasó ese proceso hasta la segunda mitad del siglo XIX.

La mayoría de estos primeros uruguayos vivían en el campo, donde existían unos 25 poblados. Montevideo tenía aproximadamente 15.000 habitantes. Casi no existían escuelas y por eso gran parte de la población era analfabeta: no sabían leer ni escribir. Solo había 14 escuelas en todo el país y unos 1.000 alumnos. Hasta 1849 no hubo universidad. Por eso, para estudiar abogacía o medicina era necesario trasladarse a otros países y solo los más ricos podían hacerlo.

La Constitución de 1830 quiso conformar un país ordenado y centralizado, pero eso no fue posible. El Estado tenía pocos recursos para controlar el territorio. No tenía ingresos seguros porque los únicos impuestos que podía cobrar eran los de aduana. Si el presidente no era un caudillo que contara con el apoyo de la población por su liderazgo personal, era poco probable que pudiera gobernar.

La principal actividad económica era la ganadería extensiva. Se exportaba cuero a Europa y tasajo a Brasil y Cuba, donde se utilizaba como alimento para los esclavos. El comercio se concentraba en Montevideo. Por el puerto ingresaban los productos industriales europeos y salían las materias primas de toda la región. Así se formó una clase alta de comerciantes, muy ricos e influyentes.