La ciudad de Montevideo vio crecer su población y su actividad comercial como consecuencia de las medidas económicas de los reyes borbones. Estas medidas habilitaron a los puertos de Buenos Aires y de Montevideo a comerciar con España. Montevideo fue convertida en puerto de ingreso de esclavos. Esto le permitió tener un contacto muy fluido con ingleses, portugueses y holandeses.

 

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Con la idea de dinamizar el comercio y la producción, los reyes de España iniciaron una serie de reformas, las reformas borbónicas. Para la región platense, estas medidas supusieron un gran cambio. Aunque el comercio ilegal ingresaba y partía de sus puertos, con las nuevas normas de comercio colonial se podían mantener vínculos comerciales legales con España. Incluso, para ciertos bienes como los esclavos, estaba permitido el comercio con buques de otras naciones, por ejemplo, ingleses, portugueses y holandeses.

Por esta actividad portuaria las ciudades crecieron. A fines del siglo XVIII, la población de Montevideo no superaba en mucho el millar de personas. Para 1821, la ciudad había crecido bastante y rondaba los 15.000 habitantes. Como ocurría en otras ciudades coloniales, la división social tenía una relación directa con el color de la piel. En la parte más privilegiada de la sociedad se encontraban los europeos. Los que vivían del comercio poseían grandes haciendas o trabajaban para el gobierno, en tanto que en los sectores menos privilegiados (los trabajadores manuales) solo había indígenas, mestizos o esclavos descendientes de africanos.

Con la apertura del puerto, Montevideo recibió a muchos viajeros que dejaron registradas sus impresiones por escrito o en ilustraciones, en las que describían cómo vivían los montevideanos. Según estos cronistas, los habitantes de Montevideo eran amables y alegres. En los sectores privilegiados trabajaban poco y dormían hasta tarde. La comida siempre incluía carne vacuna y pocas legumbres.

Por sus características naturales y su proximidad a la salida oceánica, Montevideo era más atractivo que el puerto bonaerense, lo que determinó que se instalara entre las dos ciudades una fuerte competencia comercial que se conoce como la lucha de puertos.