Inglaterra fue uno de los países que más protagonismo tuvo en el proceso de las revoluciones independentistas de las colonias americanas. El interés inglés en la liberación de América tenía motivos comerciales, dado que si las colonias americanas se volvían independientes del poder español y portugués, sus puertos y mercados quedarían abiertos al comercio con los barcos británicos.

 

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Desde el comienzo de la colonización española, los ingleses habían intentado acceder a los puertos americanos para comerciar sus productos manufacturados y extraer las materias primas del nuevo continente. Pero la Corona española había prohibido terminantemente a sus colonias que mantuvieran comercio con cualquier país que no fuese la propia España. Para asegurarse de que esta prohibición se cumpliera, la armada española vigilaba los puertos y los mares.

A pesar de esto, los ingleses habían encontrado la manera de comerciar ilegalmente con varios puertos de la América española. Este comercio ilegal se denominaba contrabando. Pero los ingleses no se limitaban al contrabando. De hecho, la Corona británica contrataba corsarios para que interceptaran a los barcos españoles en altamar, los capturaran y compartieran con ella el botín. Esto hizo que los españoles crearan un sistema de flotas y galeones, mediante el cual los barcos que transportaban las riquezas eran escoltados y protegidos durante toda su travesía.

En Inglaterra ya se había iniciado la revolución industrial y sus fábricas necesitaban materias primas, como lana, algodón y azúcar, entre otras. América producía grandes cantidades de estas materias y a su vez necesitaba los productos elaborados por las fábricas inglesas. El monopolio de los españoles perjudicaba el desarrollo de la economía inglesa.

A comienzos del siglo XIX, los ingleses invadieron los puertos de Buenos Aires y Montevideo, pero los habitantes de estas ciudades resistieron la invasión. Frustrado el camino de la fuerza directa, Inglaterra decidió que otro camino podía ser más efectivo, de modo que ayudó a los rebeldes a obtener por sí mismos la independencia de España, cuando el rey de España cayó prisionero de Napoleón, apoyándolos con armas, barcos, dinero y soldados.