Durante los años de lucha por la independencia se enfrentaron distintas tendencias. Unos creían que la lucha debía dar lugar a la instalación de gobiernos en manos de reyes y otros que era necesario formar repúblicas. También se enfrentaron visiones sobre cómo debía ser la relación entre las provincias que formaban parte de un solo país. Había quienes creían que una provincia debía controlar a las otras, mientras otros pensaban que cada una debía tener la libertad para decidir cómo gobernarse.

 

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Las distintas visiones políticas llevaron a la división de los criollos; así surgieron distintos bandos o partidos. Al principio todos tenían un enemigo común: España y el sistema colonial. Luego, cuando el poder español fue débil, comenzaron a notarse las diferencias internas. La lucha contra España se transformó en lucha entre bandos criollos para ver qué modelo se instalaba y quiénes gobernaban el nuevo país que estaba naciendo.

Al principio, el debate fue acerca de los objetivos de la revolución. Para los más radicales, el bando de Mariano Moreno, Artigas y otros, el objetivo era la independencia. El grupo más conservador creía que los cambios debían ser lentos. Ese partido tuvo más fuerza en el gobierno bonaerense durante los primeros años de la revolución.

La lucha determinó que la independencia fuera inevitable y se hizo necesario organizar el país que nacía. Así surgieron otros enfrentamientos. Estaban quienes creían que la mejor manera de organizar el gobierno era con una monarquía. En este caso, algunos miembros del gobierno porteño comenzaron a buscar una persona que pudiera ocupar ese lugar: un descendiente de los reyes incas o algún miembro de la nobleza europea. Por otro lado, había un partido que veía en Estados Unidos el ejemplo a seguir. El modelo para imitar era el republicano, donde el gobierno es la representación de la población y debe responder a lo que ella indica.

También hubo distintas opiniones acerca de cómo debía ejercerse el poder. Para unos, lo mejor era que una provincia tuviera el control sobre las otras. A esto se le llamó centralismo o unitarismo. Mientras tanto, otros pensaban que cada provincia debía conservar su autonomía y regirse libremente, aunque formara parte de una unidad mayor. A ese modelo se lo conoce como federalista.