La sociedad colonial marcaba una división social según el color de piel de las personas. Los blancos eran considerados superiores en la escala social. Pero también entre los blancos había diferencias. Por encima de todos se ubicaban los blancos de origen español, a los que se llamaba peninsulares. A estos les seguían los criollos, es decir, los blancos nacidos en América, descendientes de los inmigrantes europeos.

 

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A mediados del siglo XVIII los criollos controlaban gran parte del comercio y de la propiedad agraria, por lo que tenían un gran poder económico y mucho prestigio social. A pesar de eso no podían ocupar los principales cargos políticos, que estaban reservados para los nacidos en España. Aunque eran iguales a los españoles, los criollos fueron excluidos durante mucho tiempo de los de altos cargos en la Iglesia y el Estado. De los casi 150 virreyes que hubo en América durante el período colonial, solo nueve fueron criollos.

De esa manera, la Corona premiaba a sus súbditos europeos con honores y ventajas económicas, mientras restringía las actividades económicas de los súbditos americanos. Esa política de la monarquía despertó el descontento de los criollos. En 1817, Bolívar expresaba esta disconformidad diciendo que, para el sistema español, los americanos eran solo trabajadores o simples ­consumidores. Ese descontento hizo que los criollos se opusieran cada vez más al régimen colonial y encabezaran las revoluciones que terminaron con este régimen en el siglo XIX.

Los criollos americanos se sintieron muy identificados con los reclamos que la burguesía había hecho en Europa a finales del siglo XVIII. Al igual que los criollos, los burgueses europeos eran poderosos económicamente pero no contaban con poder político en la época del absolutismo. Por eso, el pensamiento burgués sirvió de inspiración a los criollos que llevaron adelante las revoluciones en los primeros años del siglo XIX.

A partir de la independencia, los criollos se transformaron en la clase dominante económica y políticamente. Formaron distintos partidos y se enfrentaron entre ellos en la lucha por el poder. Para otros sectores de la sociedad, como los indígenas, mestizos o esclavos, la situación social no cambió prácticamente nada.