El siglo XX ha sido testigo de numerosas revoluciones. Muchas han reformado sistemas económicos y políticos, otras han sido silenciosas, pero también han provocado cambios profundos en la vida de millones de personas. Algunas revoluciones fueron políticas y sociales, mientras que otras han tenido un carácter cultural. Algunos regímenes revolucionarios no sobrevivieron al siglo, pero otras grandes transformaciones parecen no haber encontrado aún la revolución que las vuelva a transformar.

 

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Cuando se habla de revoluciones se las suele relacionar con transformaciones políticas y económicas, pero las revoluciones implican la transformación profunda no solo de los sistemas políticos o económicos, sino de las características de una sociedad, las formas de su organización y sus vínculos internos. Muchos de los cambios ocurridos en el siglo XX tuvieron origen en movimientos revolucionarios, armados o no, orientados por convicciones políticas o filosóficas.

Desde el comienzo, el siglo XX se percibió como una etapa revolucionaria, heredera de las revoluciones del siglo XVIII y XIX pero mucho más radical, con los trabajadores como protagonistas. Ese fue el espíritu de la Revolución rusa de 1917, que dio inicio a un ciclo de revoluciones populares. Un carácter similar tuvieron la Revolución mexicana, las revoluciones de independencia de la descolonización y la Revolución cubana.

La idea de que los cambios se producen en forma acelerada y son necesarios habilitó otras miradas sobre la revolución. Los regímenes totalitarios fascista y nazi también se pueden considerar revolucionarios, en la medida en que se opusieron al modelo dominante y lo sustituyeron por otro.

Por otro lado, hay una serie de transformaciones de la vida cotidiana en el siglo XX que también fueron revolucionarias y que ocurrieron de forma más discreta. Entre ellas se pueden destacar el nuevo lugar de la mujer en la sociedad, el nuevo papel protagónico de los jóvenes, las transformaciones profundas de la estructura familiar, la afirmación de los valores democráticos y de la validez de los derechos humanos, la profunda transformación de la tecnología y la ciencia en la segunda mitad del siglo. Todas ellas impactan tanto en la vida cotidiana como lo hicieron las revoluciones políticas.