En 1714 una nueva familia real comenzó a gobernar España: los Borbones. Esta familia llevó adelante una serie de reformas, conocidas como reformas borbónicas, con las que buscó recuperar el dominio de sus posesiones en América. Los reyes promovieron varios cambios que intentaron ordenar mejor el gobierno y dinamizar el comercio. De todos modos, esas reformas no pudieron impedir que, pocos años después, la revolución pusiera fin al dominio colonial español sobre los territorios americanos.

 

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Las reformas de los Borbones se aplicaron en España y América. En las colonias, pretendieron reafirmar el poder del rey y llevar adelante una operación de reconquista. Para los reyes de España era indispensable reforzar el monopolio, que era burlado todo el tiempo por los comerciantes de otros reinos, especialmente por los barcos mercantes ingleses.

Para evitar el contrabando y las pérdidas se reformuló el sistema administrativo, se crearon nuevos virreinatos y se modificaron las normas que regulaban el comercio con las colonias y entre ellas. Todas estas medidas trataban de evitar que el imperio colonial se desarmara.

En materia religiosa se buscó dar mayor poder a la Corona frente a la Iglesia, por lo que se decidió expulsar a los jesuitas de las posesiones españolas, para limitar así su poderío político, económico y social. También se promovieron transformaciones en la educación. Se impulsó el desarrollo de la agricultura y de algunas obras públicas como puertos y caminos.

Una de las reformas más importantes fue la creación de nuevos virreinatos a través de la división de los que ya existían. Uno de los nuevos virreinatos fue el del Río de la Plata. Entre las medidas económicas fue fundamental la habilitación de los puertos de Buenos Aires y Montevideo al sistema de puertos que podían comerciar con España. Estas ciudades vieron crecer su actividad económica y su población en los años siguientes. Montevideo se vio favorecida al ser convertida en puerto de ingreso de esclavos. Esto le permitió tener un contacto muy fluido con comerciantes ingleses, portugueses y holandeses.

Finalmente los efectos de la reforma fueron otros. Como la Corona española confiaba los cargos más importantes a españoles, el descontento de los criollos aumentó. Ese descontento terminó con el estallido de la revolución, treinta años después.