Al comienzo de su vida independiente, Uruguay se caracterizó por su inestabilidad. Los enfrentamientos entre Juan Antonio Lavalleja, Fructuoso Rivera y Manuel Oribe determinaron la vida del país. Estos dos últimos caudillos fueron el primer y segundo presidente del Uruguay, respectivamente. Ambos gobiernos estuvieron marcados por grandes levantamientos y motines que culminaron en el estallido de la Guerra Grande, la guerra civil más larga que atravesó el país.

 

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La Constitución de 1830 estableció un gobierno que le daba mucho poder al presidente. En 1830 Rivera fue elegido para ocupar ese cargo hasta 1834. A Rivera no le gustaba mucho la ciudad y pasó gran parte de su período como presidente en su casa de Durazno. Designó a hombres de su confianza para que siguieran de cerca las cuestiones del gobierno. Fueron llamados los cinco hermanos y su forma de gobernar provocó un fuerte descontento entre muchos ciudadanos.

En 1832 Lavalleja se rebeló contra el gobierno y las personas desconformes lo apoyaron. También tuvo la colaboración de los revolucionarios riograndenses. Por su lado, Rivera contó con el auxilio de los emigrados unitarios de Buenos Aires. El intento de Lavalleja fracasó, los rebeldes debieron huir y sus pertenencias fueron confiscadas. El descontento se acentuó y en 1833 hicieron otro intento revolucionario y luego otro más en 1834.

Rivera llegó al fin de su mandato y fue sucedido por Oribe, a quien todos respetaban por su rectitud política. Durante los primeros meses de su gobierno trató de llevar adelante una obra de organización del país. Poco a poco la posición de Rivera y sus seguidores fue haciéndose más y más crítica. En 1836 Rivera inició una revolución. Para los paisanos, el gobierno “se había sublevado contra don Frutos”. Rivera fue derrotado por el gobierno en la batalla de Carpintería, donde se usaron por primera vez las divisas.

Al año siguiente, Rivera inició un nuevo levantamiento. Contaba con apoyo de los farrapos, y esta vez tuvo más éxito. Oribe se alió con Rosas, pero aun así no pudo derrotar a Rivera y terminó renunciando a la presidencia en octubre de 1838. Pocos meses después estalló la Guerra Grande.