La Revolución francesa dejó una fuerte influencia en el resto de Europa. En los primeros años del siglo XIX, las monarquías absolutas eran rechazadas y aparecieron nuevas ideas que intentaban explicar los motivos que unían a las sociedades. Estas ideas cuestionaban la necesidad de la figura del rey para que las personas vivieran juntas y en paz. Algunos de estos nuevos pensadores se llamaron liberales y tomaban las ideas de la Ilustración. Otros fueron conocidos como románticos.

 

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Algunos pensadores, a los que se llamó liberales, tenían la idea de que el hombre nace con algunos derechos, sin importar sus riquezas o el lugar donde haya nacido. Sostenían que estos derechos fundamentales estaban en la propia naturaleza humana, eran tan necesarios como respirar y nadie podía negarlos.

Ellos decían que la función del Estado, de los gobiernos, era proteger esos derechos naturales para que todos los hombres pudieran disfrutarlos. El derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad privada o a la búsqueda de la felicidad están entre los más importantes. La igualdad entre las personas era un tema importante. Los primeros liberales pensaron que la única manera de lograr que todos disfrutaran de esos derechos era la existencia de leyes escritas que aseguraran la igualdad y que todos cumplieran sin diferencias.

Para los liberales, toda la sociedad hacía un contrato con el gobierno, por el cual cada persona le entregaba el poder a un gobernante, para que este, a cambio, protegiera sus derechos naturales. Ese contrato también generaba obligaciones en el gobernante, que se convertía en representante del pueblo, y se sellaba con la redacción de una Constitución.

En la misma época se inició un movimiento que se llamó romanticismo. Quienes lo integraban tenían diferencias con los liberales. Este movimiento tuvo mucha importancia en toda Europa. Poetas, escritores y músicos participaron del romanticismo. También hubo filósofos y políticos románticos. Ellos pensaban que los Estados, las naciones, eran el resultado de la unión de las personas que tenían una cultura, un pasado y unos sentimientos comunes. Esos elementos diferenciaban a un alemán de un francés o de un inglés. Más que un contrato social, eran los sentimientos y la cultura (idioma, religión, música, comidas, etc.) los que mantenían unidas a las personas de un país.