La Segunda Guerra Mundial duró más de cinco años y durante ese tiempo los enfrentamientos fueron casi constantes en Europa y en gran parte del mundo. Hubo batallas que por su gran importancia estratégica influyeron en el resultado final. Estas luchas se desarrollaron en pueblos, villas, ciudades y muchos otros lugares que pasaron a la historia por la fuerza destructora de los ejércitos y por las innumerables vidas que allí se perdieron.

 

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Durante la invasión alemana a Francia en el comienzo de la guerra, tuvo lugar en la pequeña ciudad portuaria de Dunkerque uno de los episodios más dramáticos de la guerra, cuando las fuerzas aliadas fueron acorraladas contra el mar por los nazis. El plan de evacuación, la Operación Dínamo, consiguió trasladar a miles de soldados franceses, ingleses y belgas desde Dunkerque hasta la costa de Inglaterra. El rescate de casi 340.000 hombres en solo nueve días ha sido llamado el milagro de Dunkerque pues se produjo bajo el constante acoso de los tanques y los bombardeos de los aviones alemanes.

Tras derrotar a Francia, Alemania atacó a Inglaterra. Como la superioridad naval británica impedía un ataque directo a la isla, Alemania inició un plan de bombardeo a las instalaciones industriales y las ciudades del sur y el centro del país. La batalla de Inglaterra se peleó en los cielos. Los pilotos ingleses tuvieron un poderoso aliado: el radar, que les permitía localizar a los aviones alemanes antes de que llegaran. La batalla se extendió desde julio de 1940 a mayo de 1941. Pese a las enormes pérdidas materiales y humanas sufridas, Inglaterra resistió el ataque y Alemania pasó a concentrar la mayor parte de sus fuerzas en el sur y el este de Europa.

Luego de invadir la Unión Soviética en 1941, de sitiar Leningrado y Moscú, y de obtener costosas victorias en Crimea y el Cáucaso, en agosto de 1942 los alemanes dirigieron sus fuerzas a la conquista de Stalingrado. Tres meses después comenzó la contraofensiva soviética, que acabaría por vencer al ejército alemán a fines de enero de 1943. La derrota significó un duro golpe a las fuerzas alemanas, que a partir de ese momento comenzaron a replegarse, en un anuncio claro de que el desenlace de la guerra estaba cerca.