En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de los países enfrentados a Alemania (Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética), se reunieron varias veces para delinear la forma de organizar la paz y definir el nuevo mapa europeo. En las reuniones, las distancias ideológicas entre los Estados Unidos y la Unión Soviética se hicieron evidentes. A partir de ese momento, alrededor de estas dos grandes potencias se organizaron los bloques políticos y económicos del mundo.

 

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En febrero de 1945, los gobernantes de Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética celebraron una conferencia en la ciudad de Yalta para planificar las acciones militares y políticas del último tramo de la guerra. Entre otras medidas, allí se decidió que Alemania perdería territorios, sería desmilitarizada y dividida en cuatro zonas, de las cuales cada país vencedor ocuparía una y la restante le correspondería a Francia. Además, se establecieron compromisos de las potencias para formar parte de la futura Organización de las Naciones Unidas y para impulsar gobiernos democráticos en Europa.

En julio de 1945, luego de sentenciada la victoria sobre Alemania, los líderes volvieron a reunirse, esta vez en Postdam, a las afueras de Berlín. En esta conferencia se estableció que las organizaciones militares y paramilitares de Alemania debían ser disueltas y que la industria del armamento sería desarticulada. Los nazis capturados serían juzgados como criminales de guerra por un tribunal en Núremberg. Ante la discrepancia entre las potencias sobre cómo dividir los territorios al este de Alemania, la Unión Soviética, cuyo predominio en la región había crecido mucho tras la victoria, trazó el nuevo mapa de acuerdo con sus intereses.

En la Conferencia de Potsdam se manifestaron las diferencias ideológicas entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Estas diferencias dividirían al mundo en dos bloques con organizaciones políticas y económicas radicalmente distintas: el mundo occidental, con democracias liberales y capitalista, y el mundo al otro lado de lo que se conoció simbólicamente como la cortina de hierro, una frontera en Europa oriental que marcaba el límite entre los países, con democracias populares, dominado por el régimen comunista soviético.