El 28 de febrero de 1811, en el actual departamento de Soriano, a orillas del arroyo Asencio, un grupo de orientales se levantó en rechazo a las órdenes de Montevideo españolista. Desde la capital se exigía a la campaña el sustento de los ejércitos que luchaban contra la revolución instalada en Buenos Aires. En la campaña la opinión general apoyaba a Buenos Aires. Por eso el descontento con Montevideo fue cada vez mayor hasta estallar en la movilización que dio inicio a la Revolución oriental.

 

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“Un puñado de patriotas orientales, cansados ya de humillaciones, habían decretado su libertad en la villa de Mercedes”. Así contaba Artigas el comienzo de la revolución en la Banda Oriental. A este episodio se lo conoce como Grito de Asencio.

De ese modo comenzó el levantamiento en la campaña oriental. Los vecinos de villa Mercedes, a orillas del arroyo Asencio, se levantaron en armas contra los representantes de Montevideo, es decir de España, y se pusieron al servicio de la Junta de Buenos Aires, que representaba la revolución independentista.

La marcha de los rebeldes fue rápida y pocos días después tomaron Rosario y Colonia del Sacramento. Se formó un ejército variado, integrado por estancieros criollos, caudillos regionales que movían consigo a los hombres sueltos y los paisanos. A ese ejército patriota se integraron también indios y negros que se fugaban de la esclavitud para unirse a la revolución. También se sumaron a la marcha popular los curas patriotas.

Ese ejército era improvisado también en las armas y las formas de combate. Cada hombre o mujer, porque hubo muchas mujeres que lo integraron, aportaba su caballo y sus armas: desde boleadoras y lazo hasta fusiles de cargar por la boca, sables, facones y lanzas de tacuara, las mismas que se usaban para la vaquería. La lucha era cuerpo a cuerpo y desordenada, puesto que no se trataba de soldados entrenados.

Artigas fue designado por Buenos Aires como jefe del ejército oriental. De esta manera comenzaba la Revolución oriental. En los meses siguientes la campaña fue dominada por los revolucionarios, mientras Montevideo se mantuvo fiel a la Corona por tres años más. La Revolución oriental, dirigida por Artigas, se prolongó hasta 1820, cuando fue derrotada por las fuerzas portuguesas y los unitarias.