Alemania invadió y ocupó muchos países europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez que las tropas nazis vencieron a las fuerzas de defensa de los países invadidos, la población se vio sometida al control alemán directo o mediado por la intervención de gobernantes que colaboraban con los invasores. Sin embargo, en muchos territorios ocupados se organizaron grupos que resistieron las ocupaciones, lucharon contra los invasores e influyeron en la liberación de sus países.

 

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En Francia, la resistencia se organizó en torno a las Fuerzas Francesas del Interior. Los maquis, que pertenecían a estas fuerzas, fueron grupos de guerrilleros que combatían desde los bosques y las zonas rurales y montañosas. Su conocimiento del terreno les daba ventajas ante un enemigo más numeroso y mejor armado. Utilizaron emboscadas y sabotajes que resultaron esenciales para debilitar a las fuerzas invasoras. Además, los maquis llevaron a cabo operaciones militares en apoyo a los aliados y participaron en la insurrección popular en París que culminó con la liberación de la ciudad en 1944.

Otro ejemplo de resistencia se dio en Yugoslavia, en la región de los Balcanes, y fue organizada por el jefe del Partido Comunista, Josip Broz, más conocido como Tito. Luego de que Alemania invadiera la URSS en 1941, Tito se dirigió a los trabajadores yugoslavos incitándolos a resistir a las fuerzas de la ocupación: “Ha sonado la hora de tomar las armas para defender la libertad contra los agresores fascistas”. El llamado de Tito tuvo una gran respuesta. La resistencia se estructuró en grupos de guerrilleros que formaron un numeroso ejército que finalmente consiguió, junto a las fuerzas soviéticas, la liberación de Belgrado en 1944.

Muchos hombres y mujeres de los países ocupados, incluso sin haber formado parte de grupos de resistencia armada, fueron fundamentales al brindar apoyo, refugio y provisiones a los combatientes. Para desalentar esta colaboración, y ante la imposibilidad de capturar a los guerrilleros, los alemanes tomaban represalias contra la población civil. A lo largo de la guerra se produjeron miles de ejecuciones de civiles por este motivo. Era su forma de implantar el terror y convencer a todos de que lo mejor era no resistir.