Se conoce como posmodernidad el período histórico surgido en la segunda mitad del siglo XX, en el que han aparecido diversos movimientos culturales, artísticos y filosóficos enfrentados al tradicional concepto de modernidad. Esta época se caracteriza por el surgimiento de la sociedad de consumo, grandes avances científicos y tecnológicos, el desarrollo de los medios masivos de comunicación y la organización globalizada del mundo, luego del final de la guerra fría.

 

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La idea de que el proyecto modernista falló en transformar la cultura, el pensamiento y la vida social es compartida por las distintas corrientes del movimiento posmoderno.

Es frecuente pensar en la posmodernidad de tres maneras distintas: como un período histórico, como un movimiento artístico y como una corriente filosófica.

Resulta difícil definir el comienzo de la posmodernidad como período histórico, aunque su nombre indique de que se trata de una etapa posterior a la modernidad. El límite entre ambas es difuso. Un período histórico no comienza apenas el anterior termina, ya que en un mismo momento de la historia pueden convivir características de más de un período. De todos modos, muchos teóricos suelen situar el comienzo de la posmodernidad en las grandes transformaciones de la década de 1960 y relacionan su desarrollo con la aparición de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en las últimas décadas del siglo XX.

En el sentido artístico, entre los rasgos predominantes de la posmodernidad está la valoración de las formas industriales y populares, la ruptura de las barreras entre las distintas manifestaciones artísticas y la combinación de las técnicas. Es frecuente que los artistas posmodernos tomen obras de otros artistas y las modifiquen para darles un significado diferente.

En el sentido filosófico, los pensadores posmodernos se alejan de la idea de que existen culturas superiores e inferiores y revalorizan la importancia del pluralismo y el multiculturalismo de las sociedades actuales. Del mismo modo, surge el relativismo cultural, según el cual no existe una verdad absoluta respecto a un hecho, sino una serie de puntos de vista marcados por la cultura del observador. En la posmodernidad, la verdad es una construcción subjetiva y personal.