Después de la larga Guerra Grande, todos los orientales reclamaban una paz duradera. Frente a la política de fusión, que pretendía eliminar los partidos, los caudillos desarrollaron la política de pactos, que partía de la convicción de que los partidos no iban a desaparecer, y proponía el entendimiento a través de la negociación. El objetivo era el mismo: evitar nuevas confrontaciones entre los partidos, que pudieran convertirse en enfrentamientos armados. La forma de lograrlo era distinta.

 

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Cuando Andrés Lamas declaró que había que romper las divisas y formar un partido único, unido por las ideas y no por la simpatía personal a un líder, logró contar con el respaldo de doctores de los dos partidos. Los políticos cultos de la ciudad veían en la fusión una manera de eliminar el poder de los caudillos.

La respuesta de los caudillos no demoró. Cuatro meses después del manifiesto de Lamas, los caudillos principales de los dos partidos se reunieron y establecieron un acuerdo llamado Pacto de la Unión. En ese acuerdo, Manuel Oribe y Venancio Flores renunciaron a presentarse como candidatos a la presidencia en las elecciones siguientes y aseguraron el apoyo al candidato de la fusión. También se comprometieron a respetar la elección y el gobierno que de ella surgiera. El Pacto de la Unión estableció la convicción de los caudillos de que los partidos seguían vivos y que era imposible disolverlos para formar una unidad mayor.

Después de más de una década de guerra era imposible que los enfrentamientos entre los orientales desaparecieran tan fácilmente. La mayoría de las familias tenían víctimas de guerra y culpaban de eso a los enemigos del otro partido. Por otro lado, los políticos fusionistas no tenían manera de garantizar la paz si no existía el acuerdo de los caudillos de respetar la legalidad y al gobierno de turno.

La política de pactos y la de fusión pusieron en evidencia las diferencias entre el campo y la ciudad. La forma de hacer política en uno y otra eran distintas. Los políticos tenían diferentes formas de entender el país. En el campo estaban los caudillos, con su poder basado en el prestigio personal. En la ciudad estaban los doctores, hombres cultos que creían en partidos de ideas.