Un momento clave en el proceso de la integración europea se dio en 1991, cuando los representantes de los países asociados a la Unión Europea decidieron crear una moneda única: el euro. Para ello se creó el Banco Central Europeo, encargado de regular la política monetaria del bloque. Finalmente, el euro entró en circulación en 2002 y se convirtió en la moneda oficial de más de una decena de países. Su utilización hizo más fluidos los intercambios comerciales y financieros del bloque.

 

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La crisis económica de la década de 1970 motivó los primeros planes para la creación de una moneda única en Europa. Se abandonó el tipo de cambio fijo ligado al dólar y los líderes europeos decidieron crear un sistema para vincular las monedas de sus países. Aunque el sistema fracasó a corto plazo, la idea persistió.

En 1991, representantes de los 15 países miembros de la Unión Europea se reunieron en la ciudad holandesa de Maastricht y acordaron la creación de una moneda única que se llamaría euro para fortalecer su unión económica y monetaria. Para unirse a la iniciativa era necesario que los países cumplieran con ciertos criterios financieros. Como organismo regulador, se creó el Banco Central Europeo. Suecia quedó fuera del proyecto por no cumplir con los criterios requeridos, mientras que Inglaterra y Dinamarca decidieron mantenerse al margen.

El euro comenzó a utilizarse el 1º de enero de 1999 como una moneda electrónica para bancos, casas de cambio, grandes compañías y bolsas de valores. Tres años después, el 1º de enero de 2002, los primeros billetes y monedas del euro entraron en circulación en todos los países de la llamada eurozona y sustituyeron lentamente a las monedas nacionales como la peseta española, el franco francés, la lira italiana y el marco alemán. Actualmente, el euro es la moneda de más de 300 millones de personas.

La creación del euro estrechó los vínculos entre los países de la Unión Europea y agilizó todavía más los intercambios comerciales de bienes y servicios entre ellos, pero también hizo que sus economías se volvieran más dependientes unas de otras. Por otro lado, a nivel mundial el euro se convirtió en una moneda fuerte, capaz de rivalizar con la hegemonía del dólar como moneda de reserva.