En 1808 Napoleón Bonaparte invadió España, el rey español Carlos IV abdicó y su hijo Fernando VII fue tomado prisionero. Los españoles iniciaron la resistencia. Organizaron un sistema de gobierno, las juntas. Cuando las noticias llegaron a América, en varias ciudades se organizaron juntas como en España. Una de esas ciudades fue Montevideo. Era la primera vez que la ciudad se gobernaba sola, aunque la mayoría de los integrantes de la junta eran partidarios de la continuación del sistema colonial.

 

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El clima político en el Río de la Plata era muy complicado a comienzos del siglo XIX. El virrey Liniers, héroe de las invasiones inglesas, no contaba con el apoyo de gran parte de las autoridades de Montevideo. Como se trataba de un francés, comenzaron a crecer las sospechas de su simpatía por Napoleón, con lo que la situación se enrareció más todavía.

Uno de los responsables de generar esa opinión fue el gobernador de Montevideo Francisco Javier de Elío, por lo que fue destituido por el virrey. Ante esta medida, Elío convocó a un cabildo abierto, que resolvió obedecer pero no cumplir la destitución ordenada por el virrey, desconocer su autoridad, formar una junta como las españolas presidida por Elío como virrey y reconocer a Fernando VII como rey. Todas esas decisiones eran una ruptura con Buenos Aires.

La Junta de Montevideo sesionó durante ocho meses, en los que fue autónoma de Buenos Aires y buscó contactos directos con España. Propuso la creación de una junta gubernativa y la destitución del virrey.

Este enfrentamiento puso en evidencia la existencia de dos bandos en el Río de la Plata. Por un lado, los españolistas, que no querían que el régimen se modificara pues obtenían todas las ventajas del sistema colonial. Estaban agrupados en torno a Elío y con predominio en Montevideo, donde la población era más escasa y prevalecían los oficiales y comerciantes españoles. Por el otro, los criollos, partidarios del libre comercio y la eliminación del control comercial colonial, cuyo líder era Liniers y contaban con más fuerza en Buenos Aires. En esa ciudad había además un núcleo criollo fuerte que conocía las ideas de la Ilustración y las revoluciones de Estados Unidos y de Francia ocurridas años antes.