Al principio de la Segunda Guerra Mundial la aviación apoyó las acciones llevadas a cabo por tierra y mar mediante ataques focalizados y el traslado de armamento, soldados y provisiones. Más tarde cobró un protagonismo que no había tenido en ningún conflicto anterior. La tecnología de los aviones mejoró mucho desde la Primera Guerra: con mejores máquinas y pilotos de más experiencia, los escuadrones de bombarderos convirtieron cualquier punto del territorio enemigo en un posible objetivo.

 

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En los años previos a la guerra, las naciones que finalmente entraron en conflicto fueron desarrollando su armamento. La industria aeronáutica había crecido mucho en países como Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y Japón: máquinas de destrucción cada vez más poderosas y precisas habían sido fabricadas y estaban listas para ser puestas en acción. Mediante su utilización sistemática, la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un conflicto total.

La fuerza aérea alemana bombardeó las ciudades inglesas entre agosto de 1940 y mayo de 1941. Una vez que Alemania comprendió que no podría invadir Inglaterra, se propuso provocar toda la destrucción posible en la isla. Londres fue bombardeada durante 57 noches consecutivas. A partir de 1942, la situación se revirtió y la fuerza aérea británica descargó terribles ataques sobre la mayoría de las ciudades alemanas más pobladas (Hamburgo, Berlín, Colonia y Dresde, entre otras) para desarticular la organización militar e industrial del país, además de provocar el terror de la población civil.

Pero Inglaterra y Alemania no fueron los únicos que sufrieron la violencia de los ataques aéreos. Las bombas también cayeron sobre la Unión Soviética y la región de los Balcanes. Y una vez que Estados Unidos entró en la guerra, su flota aérea intensificó los ataques sobre Japón. A partir de noviembre de 1944 y durante casi un año, descargó miles de toneladas de explosivos sobre Tokyo y las demás ciudades japonesas. Finalmente, el 6 y el 9 de agosto lanzó dos bombas atómicas, una sobre la ciudad de Hiroshima y otra sobre Nagasaki. El horror había llegado desde el cielo. La ciencia y la tecnología crearon las máquinas de destrucción más terribles de la historia y los hombres demostraron que no temían usarlas.