En la segunda mitad del siglo XIX la revolución industrial alcanzó un desarrollo tan importante que llegó a expandirse a muchas partes del mundo. Los países industriales buscaban nuevas fuentes de materias primas y nuevos mercados para sus productos. Los avances de las comunicaciones y el transporte favorecieron el comercio de tal forma que las empresas rápidamente prosperaron, a punto tal que algunas de ellas se volvieron más ricas y poderosas que muchos países.

 

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El incremento de la producción y los nuevos desafíos del mercado hicieron que las fábricas, tal como existían hasta la mitad del siglo XIX, tuvieran la posibilidad de crecer hasta convertirse en grandes industrias, formadas por grupos de empresas en los que trabajaban miles de obreros.

Para formar estas grandes industrias era necesaria una inversión económica muy elevada. Se requería tanto dinero que difícilmente una sola persona pudiese tener esa riqueza. Así que los dueños de las fábricas se asociaron para reunir el dinero y formar un capital tan grande como para emprender la construcción de las nuevas industrias.

Una forma de hacerse socio de una gran empresa era comprar una acción de una fábrica. ¿Qué es una acción? Se calcula el valor total de una empresa y se lo divide en miles de partes muy pequeñas. Cada una de esas partes se llama acción. Las acciones se venden a cualquier persona que quiera comprarlas, en un lugar conocido como bolsa de valores. El comprador de acciones se llama accionista. Las ganancias de los accionistas son una fracción de las ganancias de la empresa proporcional a la cantidad de acciones que tienen. Si la empresa funciona bien, las acciones se vuelven más valiosas; si funciona mal, las acciones pierden su valor.

Otra forma de concentración de capitales se dio a través de la asociación de empresas que se dedicaban a distintas etapas de la producción de un producto. Un buen ejemplo de este tipo de asociación fueron las empresas del industrial norteamericano John Rockefeller. Estas empresas se dedicaban a la extracción de petrólero, a la producción de combustible o a la comercialización de ese combustible. Al abarcar toda la cadena productiva, las asociaciones de empresas adquirían una gran influencia y poder en el mercado.