En el siglo XIX se produjo una importante transformación en el mapa del mundo. Aparecieron nuevos países y las fronteras de los ya existentes se transformaron muchas veces. Por otro lado, también cambió la manera en que un país se reconocía a sí mismo. Ya no se asociaba a la figura del rey sino a nuevos factores vinculados a la política. El sentimiento nacional creció inspirado en la idea del pasado común y dejó de depender de la lealtad a un monarca que, en muchos casos, perdió su poder.

 

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Antes del siglo XIX el mapa del mundo era muy diferente al que nosotros conocemos. El territorio de América, por ejemplo, formaba parte de los reinos de España, Portugal o Inglaterra y ninguno de los países actuales de este continente existía todavía. También era diferente la manera en que los pueblos se reconocían a sí mismos. Además, los países de la época no solo tenían nombres distintos a los que tienen hoy, sino que estaban organizados en torno a reyes, por lo que sus fronteras podían variar con los cambios de monarca.

Durante el siglo XIX se desarrolló un proceso complejo que dio lugar a la aparición de los Estados modernos. En ellos la nación se sostiene por la convicción de los habitantes de pertenecer a una colectividad con características culturales e históricas propias y diferentes a las de los demás países. Las guerras entre países fueron una consecuencia de esa afirmación nacionalista, al igual que el estudio de la historia nacional y el culto a los héroes.

El proceso de transformación territorial de América está asociado a las luchas de independencia y también a las etapas que le siguieron. Durante los primeros años de la vida independiente de los países americanos, las guerras internas y las tensiones entre distintos partidos llevaron a la desintegración de las grandes unidades nacionales. Con excepción de Brasil, todos los grandes países de América Latina surgidos de la independencia se dividieron en unidades más pequeñas.

En Europa ocurrió un proceso diferente. El final del absolutismo marcó el inicio de una nueva manera de organización política basada en la soberanía popular. Con esa transformación surgieron nuevas bases para mantener la unidad nacional que no estaban asociadas a la figura de los reyes, sino que se asentaban en valores nacionales inspirados en la historia y el sentimiento patriótico.