Una vez que Hitler obtuvo el poder en Alemania y afirmó su régimen totalitario, comenzó a llevar adelante una política agresiva para ampliar el territorio y la influencia alemana. En 1936, el plan comenzó por fortalecer el ejército y continuó con la ampliación del territorio mediante la unión de Austria y la invasión a Checoslovaquia. La invasión a Polonia, en 1939, derivó en la intervención de Inglaterra y Francia en el conflicto. La Segunda Guerra Mundial había comenzado.

 

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La expansión de la Alemania nazi se fundamentó en dos conceptos. Por un lado, se creía que un Estado dependía de la cantidad de territorio que tuviera para atender las necesidades de su población; en este sentido, la guerra se justificaba como una forma de hacer crecer el territorio del Estado. Por otro, se buscaba la unificación de los pueblos de origen germánico en un único país. Estas dos ideas, junto al convencimiento de Hitler y los nazis de que la raza aria era superior y tenía el derecho de dominar a los pueblos inferiores, llevó a Alemania a un extremo nivel de agresividad en su política exterior.

En 1936, violando el Tratado de Versalles, Hitler volvió a militarizar Renania, una región estratégica por sus fronteras con Bélgica y Francia. A comienzos de 1938 se produjo el Anschluss, la unión voluntaria de Austria al Imperio alemán y la ocupación nazi de su territorio. El siguiente paso de Hitler fue la ocupación de los Sudetes, una región en la que gran parte de su población era alemana y que desde la Primera Guerra Mundial formaba parte de Checoslovaquia. Ante la creciente tensión, se produjo la intervención de las potencias europeas. Los líderes de Inglaterra, Francia e Italia se reunieron con Hitler y firmaron el Pacto de Múnich, que establecía que Checoslovaquia cedería la región de los Sudetes y Hitler respetaría el resto del territorio.

Hitler no cumplió con el acuerdo y el ejército nazi invadió Checoslovaquia seis meses después. Como respuesta, Inglaterra y Francia advirtieron a Hitler que intervendrían si atacaba Polonia, el siguiente objetivo de su expansión. La firma de un pacto de no agresión entre Alemania y la URSS alentó a Hitler a invadir Polonia el 1º de setiembre de 1939. Dos días después, Inglaterra y Francia le declararon la guerra.