Durante el siglo XX la vida política de la Argentina estuvo caracterizada por la inestabilidad y la debilidad de la democracia. El último de los períodos de gobierno de facto se extendió del 24 de marzo de 1976 al 10 de diciembre de 1983. El régimen, a cargo de una junta militar, se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional y formó parte activa del Plan Cóndor. Estuvo caracterizado por la práctica sistemática del terrorismo de Estado y una política económica de fuerte tendencia liberal.

 

más información

Entre 1930 y 1983 en Argentina hubo seis golpes de Estado que instalaron dictaduras, en general militares, más o menos largas, en medio de breves períodos de democracia. El último gobierno de facto del siglo XX se considera la dictadura más cruel de la historia argentina.

En marzo de 1976 María Estela Martínez de Perón, conocida popularmente como Isabelita (que asumió tras la muerte de Juan Domingo Perón en 1974) fue sustituida por una junta militar integrada por representantes de las fuerzas armadas. El gobierno de Isabelita se había caracterizado por la inestabilidad económica y la violencia política extrema enmarcadas en el clima internacional de la guerra fría y la crisis del petróleo.

Durante los casi ocho años que duró la dictadura, la persecución política y la violación de los derechos humanos llegaron a ser extremos. El objetivo argumentado era la persecución de la guerrilla pero, aunque esta fue desarticulada rápidamente, las medidas de represión permanecieron durante todo el período y se continuaron aplicando sobre la población. El saldo de esta política fue de miles de presos políticos, el uso de la tortura en los centros de detención contra los opositores al régimen, cientos de secuestros clandestinos, incluyendo el secuestro de niños, y de decenas de miles desaparecidos.

Junto con las demás dictaduras del Cono Sur, la junta militar organizó el Plan Cóndor, un operativo de persecución de la oposición que trascendía las fronteras de los países y aplicaba las ideas principales de la doctrina de la seguridad nacional.

Desde el punto de vista económico, la dictadura llevó adelante una política que desarticuló la industria nacional, extranjerizó el sistema financiero y multiplicó el endeudamiento externo del país.