A lo largo del siglo XX América Latina desarrolló formas de expresión propias, diferentes a las de otras regiones del mundo. En los primeros años del siglo aparecieron nuevas corrientes artísticas que mostraban la complejidad cultural del continente. Esta variedad era el resultado de la diversidad de su población combinada con los numerosos aportes culturales provenientes de todas partes del mundo. Todo esto dio como resultado una rica y valorada tradición cultural latinoamericana.

 

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La primera corriente cultural claramente latinoamericana comenzó en la literatura con el movimiento modernista. Se caracterizó por su rebeldía creativa y delicadeza estética. Tuvo exponentes muy importantes, como el nicaragüense Rubén Darío, el cubano José Martí y el uruguayo José Enrique Rodó.

Al igual que los modernistas, que buscaban reivindicar lo latinoamericano frente al imperialismo, el rescate de las tradiciones y la recuperación de los aportes culturales hispánicos e indígenas fue una preocupación para otros artistas en las primeras décadas del siglo. Los muralistas mexicanos, como Diego Rivera, José Orozco o David Alfaro Siqueiros, entendían además que el arte era una herramienta de la revolución social y por eso en sus obras realzaban a los obreros, los indígenas y los campesinos.

La diversidad cultural latinoamericana dio nacimiento a formas musicales nutridas de sonidos africanos, europeos e indígenas. Aparecieron ritmos nuevos como la bossa nova, creada por Tom Jobim, João Golberto y Vinicius de Moraes en la década de 1950. También surgió la canción de protesta, resultado de la adaptación del folclore como herramienta de lucha política. Este movimiento tuvo un gran desarrollo en Chile en los años sesenta, donde se destacaron grupos vocales como Los Quilapayún o IntiIllimani, e intérpretes como Víctor Jara o Violeta Parra.

La singularidad de los paisajes latinoamericanos y de su población fueron la base para el desarrollo de una literatura única, que tuvo una explosión creativa en la década de 1960. Así nacieron los cuentos y novelas del cubano Alejo Carpentier, del colombiano Gabriel García Márquez, del argentino Julio Cortázar, del mexicano Carlos Fuentes, del peruano Mario Vargas Llosa y otros que se dedicaron a mostrar la esencia fantástica de un continente maravilloso.