Durante casi 300 años la Corona española controló gran parte del territorio de América. Para ello organizó un complejo sistema político y económico, conocido como sistema indiano o colonial. Pero a partir de la mitad del siglo XVIII las bases del sistema comenzaron a debilitarse. Varios intentos hizo la Corona para reforzarlo pero no pudo evitar la decadencia del poder colonial. La crisis del Imperio culminó con las luchas de independencia de las colonias americanas lideradas por los criollos.

 

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Las nuevas ideas de la Ilustración y el debilitamiento de España como potencia europea favorecieron el deterioro del sistema colonial. España no vivió un proceso de industrialización que le permitiera competir comercialmente con las nuevas potencias emergentes: Gran Bretaña y Francia. El sistema colonial, que se basaba en el monopolio comercial, no podía sostenerse si España no contaba con los productos que América necesitaba para su consumo.

En forma paralela, el crecimiento del bando criollo, inspirado en las ideas de la Ilustración, hizo aumentar el descontento por la desigualdad de privilegios. Desde mediados del siglo XVIII comenzaron a aparecer duras críticas al dominio colonial. Poco a poco esas ideas fueron cobrando fuerza entre la población criolla y al comenzar el siglo XIX era la opinión mayoritaria.

Inglaterra tuvo un papel muy importante en ese proceso de debilitamiento del poder español en América. Los ingleses se encontraban en plena revolución industrial y necesitaban nuevos mercados que les proporcionaran materias primas y consumieran sus productos. América era un lugar ideal para el comercio inglés. Inglaterra logró acceder al comercio con las colonias americanas a través del contrabando y mediante permisos especiales, otorgados por la Corona española. Pero su objetivo era eliminar todas las trabas comerciales que España imponía; fue entonces que comenzó a colaborar con los grupos criollos independentistas.

Por otro lado, la monarquía española buscó renovar el sistema colonial mediante una serie de reformas, conocidas como reformas borbónicas, pero el remedio llegó tarde y no logró sus objetivos. El descontento de los criollos no se redujo sino que aumentó. Las medidas económicas y políticas no fueron suficientes para evitar que finalmente estallaran las revoluciones de independencia.