En 1714 una nueva familia real comenzó a gobernar España, los Borbones, y llevó adelante una serie de reformas que se conocen como reformas borbónicas. De esa manera buscaba recuperar el dominio de sus posesiones en América. Una de esas reformas, concretada entre 1776 y 1777, fue la creación del virreinato del Río de la Plata. Aunque buscaban afirmar el poder español, esas reformas no pudieron impedir que, pocos años después, la revolución le pusiera fin.

 

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La capital se instaló en Buenos Aires, la ciudad más importante de la región y uno de los centros económicos y comerciales del sur de América. Eso se debía a la importancia del puerto y la riqueza de la región, por la producción de cueros, tejidos, vinos, entre otros. Al convertirse en capital, Buenos Aires comenzó a crecer y desarrollarse. Nuevos habitantes se instalaron en la ciudad y el comercio se hizo más intenso.

La actividad del puerto permitió la aparición de una clase alta de comerciantes y funcionarios de gobierno. La mayoría de los miembros de esos sectores eran de origen español, pero algunas familias criollas comenzaron a integrarse a esos grupos. Muchos criollos hicieron fortuna con el comercio y las haciendas. Sin embargo, ese poder económico no les dio acceso al poder político; la mayoría de los cargos políticos importantes quedaron en manos de los españoles.

En las ciudades coloniales, la división social era muy marcada y tenía una relación directa con el color de la piel. Los más privilegiados de la sociedad eran los europeos y sus descendientes nacidos en América, los criollos. En los sectores menos privilegiados se encontraban los trabajadores manuales, donde solo había indígenas, mestizos o esclavos descendientes de africanos.

Los virreinatos eran gobernados por un virrey, que era el representante del rey de España en América, quien los elegía entre personas de su confianza. La mayoría de los casi 150 virreyes que hubo en América durante el período colonial fueron españoles, apenas nueve fueron criollos y solo siete europeos no españoles.

El virreinato del Río de la Plata fue el de más corta duración, ya que en 1810 comenzó el proceso revolucionario que llevó a la independencia de los territorios que lo integraban en los años siguientes.