En los comienzos de la Revolución francesa, el 9 de julio de 1789, la población que no pertenecía a la nobleza ni a la Iglesia decidió reunirse en la Asamblea Nacional Constituyente. Este nuevo organismo tomó numerosas decisiones que cambiaron la situación política y social de Francia. Entre ellas, sobresale la aprobación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la redacción de la Constitución de 1791.

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A fines del siglo XVIII la monarquía francesa estaba quebrada financieramente y tenía muchas deudas. Ante la grave situación, Luis XVI aceptó convocar a los Estados Generales. Los Estados Generales eran un organismo consultivo que funcionaba con representantes de toda la población. En este organismo participaban los miembros de la Iglesia, los nobles y el resto de la población, llamado el tercer estado. Desde un principio fue imposible que los participantes se pusieran de acuerdo. Los nobles y la Iglesia se unieron para juntar sus votos y defender sus intereses y, por el otro lado, el tercer estado, que representaba a la mayoría de la población francesa, tenía otras necesidades e ideas.

El 9 de julio de 1789 los delegados del tercer estado resolvieron reunirse por separado y formar una Asamblea Nacional Constituyente. Se propusieron redactar una Constitución que limitara el poder del rey y diera igualdad ante la ley a todos los habitantes de Francia. Cuando el rey Luis XVI se enteró, mandó a sus soldados a castigar a los rebeldes y a disolver la Asamblea, pero en París todo el pueblo salió a la calle a defender a los delegados de la Asamblea. Muchos de los soldados del rey se negaron a disparar contra el pueblo.

No solo en París el pueblo se rebeló. También lo hizo en las ciudades más pequeñas y en las zonas rurales, donde los campesinos se organizaron y quemaron castillos y asesinaron a algunos nobles y sacerdotes. El rey, al verse superado por la rebelión popular, tuvo que aceptar la idea de un organismo que limitara sus poderes. Fue así que la Asamblea creó documentos muy importantes como la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano y la primera Constitución francesa.