Adolf Hitler lideró el Partido Nazi desde 1921. Aprovechándose del clima de descontento social y del rencor popular contra las potencias que habían castigado a Alemania en los tratados de paz posteriores a la Primera Guerra Mundial, Hitler llevó al Partido Nazi al poder en 1934, cuando disolvió la democracia para establecer un régimen totalitario. El nazismo impuso el terror entre sus adversarios y fue el principal responsable del estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939.

 

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Adolf Hitler nació en Austria, pero en 1912 se trasladó a Alemania y formó parte del ejército germano que peleó en la Primera Guerra Mundial. Luego de la guerra entró en contacto con un pequeño grupo político nacionalista que en 1921 pasó a llamarse Partido Nacionalsocialista Obrero. Su abreviatura, Partido Nazi, dio nombre al nazismo.

El Partido Nazi creció rápidamente. Hitler era su principal orador, atacaba en sus discursos a los demás partidos, al gobierno republicano y a las potencias que habían impuesto duros castigos a Alemania en el Tratado de Versalles. En 1923, Hitler lideró al Partido Nazi en un intento fallido de golpe de Estado, pero fue capturado y encarcelado. Al recuperar la libertad, buscó llegar al poder por la vía democrática. El Partido Nazi obtuvo un buen resultado en las elecciones. Hitler se convirtió en canciller en 1933 y presidente en 1934, tras la muerte del presidente Paul von Hindenburg. De inmediato, Hitler disolvió la República e impuso el Tercer Reich, un régimen totalitario de partido único. Hitler se proclamó führer (‘líder, guía’) y utilizó a grupos paramilitares como las SA y la SS, junto a la Gestapo, la policía secreta, para perseguir y eliminar a todos sus adversarios, incluso a los de su propio partido. Era el comienzo de la Alemania nazi.

El nazismo controló a la prensa y adoctrinó a los jóvenes, persiguió a los socialistas y comunistas, y especialmente a los judíos, contra quienes aplicó una política de segregación que luego se convirtió en un plan de exterminio total. La idea de Hitler acerca de la superioridad de la raza aria impulsó la política exterior alemana: fortaleció su ejército y comenzó una agresiva expansión que provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas nazis invadieron Polonia en 1939.