El período del terror fue un momento especial de la Revolución francesa. Se le llamó así porque el gobierno revolucionario utilizó el terror, el miedo y el castigo para terminar con las resistencias en contra de la Revolución que existían en toda Francia. Pero la gran paradoja fue que el terror también le costó la vida a sus inventores: la mayoría de los líderes revolucionarios murieron en la guillotina durante este período.

 

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El curso de los hechos en Francia puso en alerta a los reyes de otros países de Europa. Por eso la Revolución se vio rodeada de enemigos tanto fuera como dentro de fronteras por los nobles que habían perdido sus privilegios. Cuando los revolucionarios se vieron acorralados por el peligro, se desató la desesperación y la violencia contra todo aquel que se les opusiera.

En medio de la revolución y la guerra, no había tiempo ni posibilidad de juzgar o discutir con calma; por eso se cometieron injusticias que terminaron con la vida de muchos inocentes. Ante la menor sospecha de traición o corrupción, los denunciados eran condenados a muerte sin la posibilidad real de defenderse. Se calcula que unas 30.000 personas fueron ejecutadas en los 11 meses que duró el terror en Francia.

La forma de aplicar las condenas fue muy llamativa. En las plazas públicas de las ciudades francesas se instalaba una guillotina por la que pasaban los condenados a muerte. Algunas crónicas de la época cuentan que la guillotina no paraba de cortar cabezas en todo el día. El espectáculo era terrible y sangriento. El pueblo presenciaba libremente las ejecuciones y festejaba cada vez que una cabeza caía.

La mayoría de los ejecutados fueron integrantes de la nobleza y la burguesía más rica de Francia, pues estos eran los grupos que habían demostrado ser enemigos de los cambios revolucionarios. Miles de nobles y burgueses fueron ejecutados. Fue tan importante la pérdida para estos sectores de la sociedad que ya nunca volvieron a tener un gran peso político en la historia de Francia.

En los últimos meses del terror, toda la violencia que se había desatado se volvió contra los que habían dirigido el proceso y la guillotina se llevó las cabezas de algunos de los más importantes líderes revolucionarios, como Robespierre, Danton y Hébert.