A mediados del siglo XIX, en Europa se fortaleció una forma de pensar a la que se llamó positivismo. El positivismo era una corriente filosófica que afirmaba que el único conocimiento verdadero procedía del conocimiento científico. Era una nueva manera de ver y comprender las cosas. Afirmaba que el conocimiento podía construirse únicamente a través del método científico. El positivismo proponía entender el mundo utilizando los datos que surgían de la observación y la experimentación científica.

 

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Los positivistas era muy estrictos en su trabajo. Sus investigaciones empezaban con la observación, luego con la experimentación y por último con la formulación de una hipótesis, es decir una posible solución al problema planteado. Esa hipótesis era sometida a una investigación y era criticada por otros científicos. De esa manera se comprobaba si podía ser correcta y convertirse en una ley científica. Todos los resultados de las investigaciones debían seguir este largo y difícil procedimiento para asegurarse de que las conclusiones fueran correctas. Ese era el método científico.

Uno de los hombres más importantes del positivismo fue Augusto Comte. Él fundó una nueva ciencia a la que llamó sociología. Tenía como objetivo estudiar las sociedades humanas usando el método científico, mediante la observación y la formulación de leyes científicas. Muchos pensadores y científicos se hicieron positivistas. Se los llamó así porque tenían una imagen positiva del mundo de su época. Ellos pensaban que gracias a los avances de la ciencia y de la industria se podían encontrar todas las soluciones para la humanidad. Y por lo tanto, el progreso económico, político, social y científico no tenía límites.

Los positivistas creían que la ciencia y la revolución industrial habían sido los cambios más importantes de la historia de la humanidad y gracias a ellos los hombres estaban logrando tener un mayor dominio sobre la naturaleza. Estas ideas se basaban en los nuevos avances de la industria química, la física, la medicina, la ingeniería, entre otras. Ellos creían que estas ideas ayudaban a mejorar cada día las condiciones de vida de toda la población. Los positivistas estaban convencidos de que estos avances científicos y tecnológicos no tenían fin y que la humanidad solo podía mejorar día a día.