El holocausto fue el genocidio de seis millones de judíos llevado adelante por el régimen totalitario nazi que encabezaba Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Fue el resultado de un plan que buscó exterminar a la población judía de Europa. Aunque la persecución hacia los judíos fue planificada, no fueron ellos sus únicas víctimas: también fueron perseguidos los comunistas y todos los opositores al régimen, además de los gitanos, los homosexuales y los discapacitados.

 

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La situación para los judíos en Alemania se volvió muy difícil desde que el Partido Nazi llegó al poder, en 1933. Los nazis responsabilizaban, entre otros, al pueblo judío por la situación del país luego de la derrota en la Primera Guerra Mundial, agravada por las duras consecuencias de la crisis económica de 1929. La creciente hostilidad del gobierno y parte de la población alemana hacia los judíos hizo que entre 1933 y 1940 muchos de ellos tuvieran que abandonar el país.

La ocupación de Checoslovaquia y Polonia, así como la invasión a la Unión Soviética en junio de 1941, aumentó la cantidad de judíos bajo dominio nazi. Para identificarlos claramente, los judíos estaban obligados a llevar una marca distintiva en la ropa. Especialmente en Polonia se crearon numerosos guetos: sectores de la ciudad en los que se concentró a la población judía y de los que no se le permitía salir. Decenas de miles murieron allí, víctimas del hambre, el frío y las enfermedades. Los demás, junto con muchos otros provenientes de diferentes territorios ocupados, eran trasladados en tren a campos de concentración y de exterminio donde, mal alimentados y sin abrigo, se los obligaba a realizar trabajos forzados. Cuando ya no podían trabajar por estar enfermos o débiles, eran fusilados o conducidos a las cámaras de gas, donde se los ejecutaba mediante envenenamiento. El resultado final del holocausto fue la muerte de casi once millones de personas, de los cuales seis millones fueron judíos.

No había un precedente para el holocausto. Un genocidio de tal magnitud daba una nueva dimensión a la crueldad y el desprecio que los seres humanos podían mostrar por la vida de otros. Hoy en el lugar donde estuvo el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau existe un museo dedicado a la memoria.