En 1915, cuando la Primera Guerra Mundial estaba comenzando, el gobierno turco emprendió una campaña de extrema violencia: mató a los hombres del pueblo armenio y expulsó al resto, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. Ni siquiera la derrota de Turquía en la guerra y la declaración de la República Armenia Independiente en 1918 puso fin al sufrimiento del pueblo armenio, que fue sucesivamente invadido y dominado en los años siguientes. Turquía aún no reconoce su responsabilidad en el genocidio.

 

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La palabra genocidio procede de la unión de dos términos: el griego genos, que significa ‘familia, tribu o raza’, y el término latino cidere, que puede traducirse como ‘matar’. Comúnmente se la utiliza para designar la eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, religión o política.

Los armenios forman uno de los pueblos más antiguos del este de Europa. Fueron cristianizados alrededor del siglo XI y a fines del siglo XIX eran la población no musulmana más grande del Imperio turco otomano. A pesar de las profundas diferencias religiosas, las relaciones entre armenios y otomanos eran pacíficas. Pero hacia 1896 el Imperio turco otomano estaba llegando a su fin y se volvía más agresivo para mantener dominados a los otros pueblos. Entonces, el sultán Abdul Hamid II emprendió una campaña de extrema violencia contra los armenios y asesinó a 200.000 de ellos. Más tarde, en 1908, el sultán perdió el poder a manos de un partido político de tendencias nacionalistas que comenzó a planear el exterminio del pueblo armenio. La oportunidad de realizarlo se les presentó con el estallido de la Primera Guerra Mundial.

El plan turco fue eliminar primero a todos los hombres armenios en edad de luchar. Una vez completada esta etapa se produjo la deportación forzada de mujeres, niños y ancianos, quienes debieron abandonar su tierra, empujados por los soldados, en largas filas hasta campamentos en Siria e Irak, donde muchos de ellos murieron a causa del hambre o las enfermedades. Y aunque gran parte del genocidio se produjo en 1915, continuó hasta después de la derrota final del Imperio en la guerra mundial, con la invasión turca a la ya constituida República Independiente de Armenia. El resultado fue el exterminio de más de la mitad de la población armenia.