Entre 1688 y 1850, Europa vivió varias revoluciones que intentaron terminar con las monarquías absolutas y organizar una nueva forma de gobierno que permitiera al pueblo elegir a sus gobernantes. El nuevo sistema de gobierno debía asegurar la igualdad de las personas ante la ley, su derecho a la libertad y el respeto a la propiedad privada. Estas revoluciones fueron protagonizadas por campesinos, obreros y artesanos, pero sus dirigentes fueron los burgueses comerciantes e industriales.

 

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Los reyes absolutos tenían en sus manos todo el poder político y militar. Para mantener los gastos de sus reinos cobraban muchos impuestos, que debían pagar los campesinos, los artesanos y los comerciantes. A finales del siglo XVIII empezó a notarse un gran descontento popular en casi toda Europa. Las decisiones de los reyes ya no eran obedecidas de forma sumisa.

La burguesía fue la clase social más preocupada por la forma en que gobernaban los monarcas. Sus integrantes, los burgueses, habían reunido mucho poder económico gracias al comercio y decidieron que su papel en el Estado no debía limitarse a obedecer al rey, sino que debían también participar en la organización política y económica del gobierno. Del descontento de la burguesía y de las clases más populares surgieron las ideas de los nuevos pensadores que estaban en contra de la monarquía absoluta y que creían que el poder estaba en el pueblo y no en los reyes.

Pero los reyes no estaban dispuestos a entregar el control absoluto que ejercían. Por eso ordenaron perseguir y encarcelar a todos los que se manifestaran en su contra. Así fue que los hombres y mujeres que pensaban en la revolución, la soberanía popular y la sustitución de las monarquías por repúblicas fueron tratados como criminales.

La primera gran revolución tuvo lugar en Inglaterra en 1688, pero la más importante fue la Revolución francesa, que inspiró no solo a los demás países europeos, sino también a las colonias americanas que en ese momento comenzaban a reclamar su independencia. Las ideas del derecho a la libertad, a la igualdad ante la ley, a la búsqueda individual de la felicidad y a la propiedad privada surgieron por primera vez en la Francia revolucionaria y desde allí se expandieron a todo el mundo.