La guerra civil de los Estados Unidos terminó en 1867 con la victoria de los estados del norte sobre los del sur. La reconstrucción y unificación del país fue dirigida por los vencedores. Los estados del sur debieron abandonar el uso de mano de obra esclava y adaptarse al sistema de desarrollo industrial de los estados norteños. Así comenzó un nuevo momento histórico para el país, el momento del crecimiento económico que lo llevaría a convertirse en una de las grandes potencias mundiales.

 

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La guerra civil de Estados Unidos enfrentó durante cuatro años a los estados del norte con los del sur y tuvo graves y duraderas consecuencias. Los estados derrotados quedaron en ruinas. Las plantaciones que eran la base de su economía fueron arrasadas durante el conflicto y luego de la abolición de la esclavitud perdieron su principal mano de obra: los negros esclavos. Además, el número de muertos de ambos bandos fue muy alto, más de un millón. Esto generó un profundo rencor de los sureños hacia los yankees del norte, un sentimiento que mantuvo al país dividido durante mucho tiempo.

El proceso de unificación dirigido por los estados del norte fue lento. Recién a fines del siglo XIX el país recuperó su producción agrícola y su actividad industrial. Fue así que Estados Unidos volvió a ser el destino elegido por inmigrantes de muchas partes del mundo, familias enteras que llegaban para vivir y trabajar allí. El aumento de población exigía más tierras, de modo que el país aumentó de tamaño mediante la conquista o la compra de nuevas regiones, hasta llegar a su máxima expansión territorial: desde la costa del océano Atlántico a la del océano Pacífico.

Una vez que consiguió la paz y amplió su territorio, Estados Unidos estuvo en situación ideal para convertirse en una gran potencia. Sus tierras eran tan ricas en recursos agrícolas y minerales que podía mantenerse por sí mismo, sin necesidad de comprar materias primas a otros países. Además, su población estaba compuesta por personas con deseos de progresar mediante su trabajo y contaba con un gobierno fuerte y unido que protegía el desarrollo económico. Estos factores, impulsados por el uso inteligente de los nuevos medios científicos y tecnológicos, convirtieron al país en la mayor potencia mundial, rumbo al siglo XX.