Entre los pensadores de la Ilustración se destacaron varios filósofos y pensadores que criticaban duramente la forma de gobierno de la monarquía absoluta. Estos hombres propusieron una nueva forma de gobierno. Entre los pensadores más importantes podemos nombrar a John Locke, el barón de Montesquieu y Jean-Jacques Rousseau. Los tres creían en la necesidad de establecer un contrato entre los gobernantes y el pueblo. Sus ideas fueron revolucionarias.

 

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John Locke fue un pensador inglés. Planteaba que desde el principio de la historia los hombres y mujeres vivían sin problemas, en paz y armonía. Para mantener ese orden y tranquilidad, las comunidades crearon leyes y les dieron a una persona la autoridad para hacerlas cumplir. Era el pueblo quien daba o quitaba el poder; por lo tanto, el poder estaba en el pueblo y no en los gobernantes.

El barón de Montesquieu fue un noble francés que defendía la idea de que todos los hombres tenían derechos naturales y que las leyes escritas debían defenderlos. El derecho a la vida, a la libertad, a la felicidad y a la propiedad privada estaban entre los más importantes. Las leyes escritas eran las únicas que podían limitar las libertades y hasta el rey tenía que respetarlas. Para él, la mejor forma de gobierno era la monarquía, pero el poder del rey debía estar limitado por las leyes. Además, no debía tener todo el poder en sus manos. Había que dividir el poder del Estado en tres: el Poder Legislativo que hiciera las leyes, el Judicial que se encargara de hacerlas cumplir, y el Ejecutivo, en manos del rey, que aplicara las leyes en la vida cotidiana.

Jean-Jacques Rousseau era suizo pero vivió en Francia. Como Locke, pensaba que al principio de la humanidad los hombres y mujeres vivían en paz y armonía, y que todo cambió cuando apareció la propiedad privada. Con ella se creó desigualdad y violencia entre los hombres y una sociedad donde los más ricos eran los que tenían el poder. Propuso una forma de gobierno donde todas las personas fueran iguales ante la ley, sin importar sus riquezas materiales; por lo tanto, la ley debía defender la libertad y la igualdad de todos. Creía que el poder estaba en el pueblo y no en los gobernantes, y que el pueblo tenía derecho a sacarlos del poder si no hacían bien su trabajo.