África es un continente enorme, con muchas diferencias entre el norte y el sur. La región de la costa del Mediterráneo tiene mayoría de población de origen árabe y comparte el predominio de la religión musulmana, por lo que puede integrarse al Medio Oriente. En la región del sur, conocida como África negra o subsahariana, predomina la población negra y existe una multiplicidad de tradiciones religiosas muy antiguas combinadas con las impuestas por la colonización del siglo XIX.

 

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Aunque el origen de la especie humana y de la agricultura está en África, la rica historia del continente tiene poco que ver con la situación actual. El desarrollo de culturas y civilizaciones muy avanzadas fue truncado por el proceso de colonización desde el siglo XVI. La explotación extrema del continente y de sus habitantes han sido factores centrales en el subdesarrollo de África hoy. Los procesos de descolonización que se extendieron desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1980 fueron muy brutales y conflictivos y dejaron herencias terribles en los países independientes que surgieron.

Guerras civiles, dictaduras, desplazamientos forzados de millones de personas, genocidios, corrupción política, pobreza, desigualdad, hambre, analfabetismo, mortalidad infantil, marginalidad, escaso desarrollo industrial, dependencia económica… son rasgos de la realidad de un continente que sigue siendo afectado por las formas de neocolonialismo más extremas. Las riquezas minerales de África son de las mayores del mundo y posee yacimientos de materiales imprescindibles para la fabricación de productos tecnológicos de alta demanda en el resto del mundo como celulares, computadoras, televisores…

Los intereses externos estuvieron detrás de los procesos más terribles que vivió el continente, como la guerra de Biafra, una región rica en petróleo que intentó separarse de Nigeria en 1967 apoyada por intereses europeos. Entre las consecuencias hubo un millón de niños muertos por hambre debido al embargo al que fue sometido la región. O la larga guerra del Congo, desde 1965 a 1998, que sigue teniendo rebrotes y es el conflicto bélico con más víctimas después de la Segunda Guerra Mundial, casi todas por causas colaterales como el hambre o las enfermedades.